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HAY SABORES QUE SE TE QUEDAN PEGADOS

  • 27 jul
  • 2 min de lectura

No sabemos exactamente cuándo empezó.


Quizá fue en un viaje. Quizá en una comida improvisada. O quizá en ese momento en el que pruebas algo por primera vez y piensas: ¿cómo he vivido tantos años sin esto?


Eso nos pasó con la leche de tigre.


No es española. Y precisamente por eso nos gusta contar la historia como es.


Es peruana. Y somos profundamente fans.


De esa acidez que despierta el paladar. Del cilantro. Del picante justo. De esa sensación de frescura que hace que el siguiente bocado sepa todavía mejor que el anterior.


Hay sabores que admiras desde lejos.


Y hay otros que terminan colándose en tu cocina.


Este verano queríamos traer de vuelta uno de esos platos que, en España, saben a vacaciones. El salpicón de mariscos. Ese que aparece en el centro de la mesa cuando hace demasiado calor para pensar en otra cosa que no sea una cerveza fría, una botella de vino blanco y una sobremesa interminable.


Pero mientras lo preparábamos, pasó algo.


Lo probamos.


Nos miramos.


Y Adrián dijo:


”¿Y si le ponemos leche de tigre?”


Hubo unos segundos de silencio.


Los suficientes para saber que ya no había marcha atrás.


Porque cocinar también consiste en eso. En respetar de dónde vienes, pero no cerrar la puerta a todo lo que te inspira.


El resultado es un salpicón que sigue sabiendo a verano, a mar y a España… pero que se deja abrazar por un toque peruano que, sinceramente, creemos que le queda de maravilla.


No buscamos reinventar un clásico.


Solo cocinar el plato que a nosotros nos apetecería pedir una y otra vez.


Y ese, casi siempre, termina llegando a la carta de Casa Celia.


Nos vemos en la mesa.

 
 
 

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